A muchos extranjeros les sorprende que en Chile haya un alto número de mujeres dedicadas a la elaboración de vinos. Sobre todo si se tiene en cuenta que esta es una tarea dura, no exenta de sacrificios personales –sobre todo en tiempos de vendimia–, solitaria incluso.
Una de las pioneras en esta actividad ha sido Marilú Marín, quien, en los últimos diez años, se ha dedicado en cuerpo y alma a sacar adelante su propia bodega, Viña Casa Marín, ubicada en la zona de Lo Abarca, valle de San Antonio.
Marilú también fue pionera en descubrir las bondades de una zona costera tan extrema como aquella, elaborando desde sus inicios vinos tintos y blancos que sorprendieron gratamente al público y a la crítica. Y no sólo eso: sus vinos contribuyeron a posicionar con éxito los sauvignones blancos chilenos en el extranjero, y fueron ciertamente los que abrieron las puertas a la actual búsqueda de los terroirs más frescos de nuestro país.
Junto con presentar cuatro vinos de la cosecha 2009 –dos sauvignones blancos y un sauvignon gris de la línea Casa Marín, y un nuevo pinot noir de la línea Cartagena– Marilú introdujo con gran orgullo a su hijo Felipe Marín, también enólogo, quien este año se incorporó oficialmente a trabajar con ella luego de realizar estudios y práctica en Nueva Zelandia. Es que parte del encanto de esta bodega está justamente en su dimensión familiar, donde se nota el compromiso de un equipo que está unido por lazos que van más allá de las circunstancias comerciales.
Tal como lo hizo desde sus inicios, Marilú sigue elaborando dos sauvignones blancos distintos. El Cipreses Vineyard proviene de parras que se cultivan en la parte más alta del viñedo, crecen sobre suelos pobres y están expuestas a mucho viento. Según ella, éste ha sido su “caballo de batalla”: con él ha recogido reconocimientos y altos puntajes, y es un vino que por sus intensa mineralidad y buena mezcla de acidez vibrante y dulzor, resulta muy atractivo para quienes disfrutan de todas las bondades de esta variedad. Por su parte, el Laurel Vineyard, originado en parras que crecen en un sector algo más bajo que el anterior, pero que corresponden a los mismos clones, es un poco más tropical y untuoso, con un buen volumen y estructura mineral en la boca, exquisito para acompañar muchos platos con productos del mar.
Estero Vineyard es un sauvignon gris de Casa Marín, y uno de los pocos vinos de esta encantadora variedad en el mundo. La versión 2009 resulta sorprendente: con aromas finos de frutos blancos, sobre todo de duraznos, además de notas cítricas y de flores blancas, en la boca es jugoso y mineral, con una costura aromática muy propia de la viña. Tuvo una guarda de siete meses en barricas de 500 litros, lo que le dio untuosidad y estructura atractivas.
La degustación terminó con el Cartagena Pinot Noir 2009, una versión de estilo y precio diferente a los vinos de alta gama que la bodega elabora con esta variedad, sus Litoral y Lo Abarca Hills. La idea de Marilú es que con el Cartagena, la buena materia prima de sus viñedos se haga más asequible a un público cada vez más interesado en la cepa. De hecho, en este vino lo que se siente es precisamente la fruta, sin el peso de la madera de guarda, de la que solo tiene un toque (20%) de barrica francesa nueva. En la nariz se muestra bien varietal, con notas de guindas, tierra y hojas. Sin maloláctica, muestra algunos atractivos sabores de frutilla e intensa mineralidad, todo envuelto en un cuerpo liviano, fácil y rico de beber. (H.N.)
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