“Comer y rascar, todo es empezar”. Antiguo refrán español.





 

Almaviva: To be, or not to be?
12.2009
 

foto1 La incorporación de una pequeña cantidad de carmenère de Peumo a la mezcla del Almaviva 2007 –que hasta la cosecha anterior se hacía sólo con uvas de Puente Alto– causó un revuelo enorme en la prensa especializada y seguramente también entre algunos de sus seguidores más fanáticos. Tal fue la agitación, que a primera vista parecía que la mentada cosecha hubiese sido una verdadera traición al espíritu que inspiró este vino, ese de ser la más pura expresión de su terroir. Aunque algo de eso hay, pensamos que igual vale la pena tener en cuenta ciertas consideraciones antes de ser tajantes al respecto. Todo eso, sin considerar la calidad del vino, que es la que finalmente manda a la hora de beberlo.

Para ello, lo primero que hay que tener en cuenta es que Almaviva nunca ha puesto énfasis en una denominación de origen ni indicado cepajes en su etiqueta principal. Y aunque no se diga allí, el corazón de Almaviva es y seguirá siendo el espléndido cabernet sauvignon que la viña obtiene de esas viejas parras de su viñedo de Puente Alto. Ésa es, sin duda, la razón de ser de este vino complejo, elegante y fino, que se ha posicionado con toda razón entre los más destacados del país. También es importante dejar en claro que, desde su primera cosecha, en la mezcla de Almaviva siempre ha habido algo de carmenère (entre un 14 y un 29%, dependiendo del año); casi siempre un poco de cabernet franc y a veces también unos toques de merlot. Pero hasta 2006 todo provenía de ese mismo viñedo de Puente Alto.

foto1En la versión 2007, la mitad del 28% de su componente de carmenère (o sea, un 14% del total), viene de un sector de Peumo (valle del Cachapoal) especialmente notable en la expresión de esta variedad. Otro valle y otra fruta, que ciertamente contribuyen a mejorar la calidad de ese ingrediente en particular, sin aumentar la proporción de la cepa en la mezcla final. En palabras de Michel Friu, actual enólogo de Almaviva, es una pizca que favorece la calidad de este vino único sin apartarse de su verdadera esencia. Así lo pudimos comprobar en una pequeña vertical realizada en la viña, que incluyó las cosechas 1996, 2001 y 2007.

En cualquier caso, el Almaviva 2007 es un vino exquisito, que mezcla de manera armónica la profusión de fruta del Nuevo Mundo con la elegancia y el “savoir faire” de Francia. De precioso color rubí, muestra una nariz compleja e intensa, con muchas capas de aromas, donde predominan finos frutos rojos, además de notas de tabaco. En la boca es un vino elegante y largo, lleno de frutos rojos y negros, notas de torrefacción y chocolate y toques de especias. Sus taninos son redondos y bien estructurados, producto de un gran año en el Maipo y de la acumulación de conocimientos y la precisión del trabajo que el equipo enológico de la viña ha logrado tanto en el campo como en la bodega. (H.N.)