“Comer y rascar, todo es empezar”. Antiguo refrán español.





 

Viña San Pedro: viviendo el siglo XXI
Por Harriet Nahrwold

12.2009

 

foto1 Este año, y por un impostergable compromiso familiar, no pude estar presente en el lanzamiento oficial de la versión 2006 de uno de los vinos que aprecio especialmente, el Cabo de Hornos de Viña San Pedro. Pero como no hay mal que por bien no venga, Marco Puyó, el enólogo jefe de vinos prémium y reserva de San Pedro, me sugirió que lo fuéramos a probar directamente en las bodegas de Lontué. La tentadora oferta de hacer una pequeña vertical, que mostrara cómo Cabo ha evolucionado en el tiempo y en el estilo, fue más que suficiente como para ni siquiera pensarlo dos veces. Y si a esa experiencia podía sumarle la posibilidad de conocer en terreno todo lo nuevo que Marco ha estado desarrollando en la antigua bodega curicana, el viaje estaba más que justificado.

El encuentro fue en la Copec de Requínoa, un punto intermedio entre Curicó y Santiago, y que está en el camino que lleva al Alto Cachapoal. Allí, San Pedro tiene dos campos, Los Quillayes, de 96 hectáreas, y Totihue, de 100, especialmente aptos para producir syrah y cabernet sauvignon de primera nivel. Realmente valía la pena conocerlos para entender algunos de los cambios enológicos que Puyó está implementando y vislumbrar hacia dónde se dirigirán sus pasos a futuro.

Ha pasado casi un año desde que las viñas San Pedro y Tarapacá se fusionaran, creando el gran holding que reúne, bajo el alero de la sigla VSPT, a 11 destacadas marcas. El ordenamiento no debe haber sido tarea fácil, y, aunque todavía está lejos de ser un trabajo terminado, ya se están percibiendo los primeros resultados. Es que la sinergia de ambos grupos posibilita –entre otras cosas– aprovechar mejor los viñedos, definir adecuadamente las líneas y marcas, y enfocar los esfuerzos conjuntos en la comercialización y exportación de los vinos.

foto1De hecho, en este reordenamiento, la viña San Pedro como tal se dividió en dos, quedando Puyó a cargo de las líneas prémium y reserva (Castillo de Molina, 1865 y Cabo de Hornos) y Miguel Rencoret, la de los vinos varietales (35 Sur, los Gato y los tetra). Esto le está permitiendo a la compañía disfrutar hoy de todas las bondades de su Proyecto Siglo XXI, que se empezó a gestar en 1997 con la inversión de 45 millones de dólares y la plantación de viñedos que actualmente suman 2.600 hectáreas. De ahí que en la actualidad todas las líneas reserva estén siendo elaboradas enteramente con fruta propia, uvas que antes, sin conocerles todo su potencial, iban a parar a algunos vinos menos sofisticados.

Primer y segundo peldaño
A través de la línea Castillo de Molina, Puyó busca expresar los orígenes de cada cepa y pretende que cada uno sea “el mejor vino con la mejor uva para esa variedad y ese nivel de precio”. Y con esta filosofía, ya hace rato que se ganó un espacio en las preferencias de los consumidores, quienes todavía están por conocer algunas novedades, como una estupenda mezcla tinta, la Winemaker’s Blend, que apunta a otro rango de precio y de calidad.

foto1Un peldaño más arriba en calidad y finura se ubica la línea 1865. Son cinco vinos (de una sola variedad cada uno) que se enmarcan en el concepto de Single Vineyard, y dos Limited Edition, un ensamblaje del Alto Cachapoal y un syrah del valle de Elqui. A través de ellos, Puyó quiere entregar vinos de personalidad definida, que transmitan toda la riqueza de la fruta con la que están elaborados, uvas que, según él, “sólo un bruto podría echar a perder”.

Pero también Puyó busca aprovechar terroirs de San Pedro que son algo más frescos que los de las zonas tradicionales chilenas, los cuales entregan notables expresiones frutales y taninos más suaves y redondos. Las nuevas etiquetas de 1865, sobrias y elegantes, acompañan por fuera este cambio de concepto que también se reconoce dentro de las botellas.

De esta línea 1865 destaco el exquisito Sauvignon Blanc 2009 del valle de Leyda, un vino elegante, complejo, mineral y potente, ideal para acompañar una infinidad de platos delicados que se enriquecerían con los toques cítricos que aporta este vino. De igual manera me sorprendió el 1865 Malbec 2007, bien concentrado, con rica y limpia nariz de frutos rojos y negros, además de notas florales, taninos algo rústicos y una muy buena fruta en boca, perfecto para disfrutar con un lomo a la parrilla.

foto1Para mí, que soy una admiradora de los buenos cabernet puros, el 1865 Cabernet Sauvignon 2007, de parras viejas del Maipo, es un excelente consuelo y un vino maravilloso. Sobrio, de color rubí con tonos azulados, presenta en boca y en nariz notas de cedro bien cazadas con fruta roja, que llenan el paladar. Rico para beber con carnes de cocciones largas y lentas.

Y de los Limited Edition, me impresionó especialmente el Syrah 2007. Proveniente del valle de Elqui, muestra una clara expresión de la variedad, con ciruelas y notas cárneas en la nariz, una boca de acidez sorprendente, que se mezcla con fruta negra y una mineralidad muy grata. Magnífico para un asado al palo de cordero.

Los Cabo de Hornos
La degustación estuvo coronada, cómo no, por la anunciada pequeña vertical de Cabo de Hornos. Marco había seleccionado seis añadas, además de una muestra de barricas de la versión 2007. Pero al pasar por la antigua bodega, la tentación de volver a probar una cosecha que recordaba como destacada (la de 1996), hizo que el enólogo, cual viejo bodeguero, sacara sus llaves y abriera la cava para retirar una de las pocas botellas que aún quedan de esa partida. Un verdadero privilegio.

foto1Iniciamos la cata con este añoso vino que, aunque evolucionado, mostró por qué en su momento me causó tan buena impresión: su boca aún se mantiene fresca y con la misma elegancia de su juventud, con taninos muy suaves. Si uno lograra envejecer así, sería una maravilla…

Y aunque las últimas cosechas de los Cabo de Hornos ya no sean elaboradas sólo con cabernet sauvignon de Lontué, queda claro, a través de todos los vinos probados en esta pequeña vertical, que el hilo conductor está en esa fruta: austera, elegante, fina y gustosa. Su giro hacia un ensamblaje con syrah y malbec lo ha hecho ganar en complejidad, haciéndolo más moderno, pero la base sigue siendo lo suficientemente firme como para no desdibujar su identidad.

foto1Si la versión 2006 de Cabo de Hornos, ya disponible en el mercado, es gustosa, con una muy buena mezcla de fruta y madera, de agradable acidez y frescor, la de 2007 presenta todo lo anterior, pero será aún mejor, por lo que le recomiendo que la reserve tan pronto salga a la venta.

Para el final de la degustación Puyó todavía tenía algunas novedades sorprendentes que mostrar. Aún sin nombre (bautizados provisoriamente con las siglas BB y EP), uno es un carmenère 2007 del valle del Maule, y el otro, un syrah 2007 del Elqui. Tan pronto fueron servidos en las copas, sus aromas de frutos rojos y negros inundaron la sala. Ambos me gustaron mucho y hablan del tremendo potencial de esta viña que está disfrutando de la visión y la gestión de un enólogo que todavía tiene mucho que mostrar en esta industria.

(Fotografías de Enrique Rivera)