“El explicito y voluntarioso elogio de la creatividad acaba produciendo más cretinos que creadores, porque es un error colosal pensar que la creatividad se encuentra en la radicalidad”. Santi Santamaría (1975 --), cocinero catalán, propietario del restaurante “Can Fabes”.





 

Programas de montaña de dos Rutas del Vino
Por Enrique Rivera

2.2010

 

foto1 En materia de enoturismo, casi todas las viñas hacen lo mismo para encantar a los amantes del vino: les muestras sus bodegas y plantaciones, les hablan de las maravillas del lugar y de las bondades de Chile como país vitivinícola, y los despiden con alguna degustación de sus productos. Algunas tienen pequeños restaurantes y hoteles para una estadía más prolongada y placentera de los visitantes, y unas pocas se atreven con algo más novedoso, como una cabalgata o paseos en bicicleta por sus propiedades.

Pero dos rutas del vino, la del Maipo Alto y la de los Valles de Curicó han querido ir más allá de este enoturismo convencional, y están ofreciendo espectaculares programas con excursiones por la geografía de sus zonas que ponen a prueba el temple físico de los participantes en ellas y hasta su capacidad para afrontar ciertos desafíos. En una semana experimentamos y gozamos dos de estos novedosos programas.

foto1Por los dominios de Viña La Montaña
La Ruta de Vino del Maipo Alto es una sociedad conformada por siete viñas: Haras de Pirque, El Principal, Portal del Alto, Huelquén, Pérez Cruz, La Montaña y Hacienda Chada. Ofrece diferentes tours por sus bodegas, con degustaciones, almuerzos y otras alternativas que se detallan en el sitio www.maipoalto.com. Pero el programa que queremos destacar aquí es uno especial, que recorre hermosos cerros de la viña La Montaña e incluye emocionantes descensos en canopy sobre bosques y quebradas.

Viña La Montaña es un proyecto personal de Andrés Pérez Cruz, presidente de la viña que lleva sus apellidos. Esta extensa propiedad, de unas 2.500 hectáreas, se encuentra a una hora de Santiago, a unos cinco kilómetros al sur de Huelquén y a otros tantos hacia la precordillera de Los Andes. Es vecina de Viña Pérez Cruz, pero a diferencia de ésta, apenas tiene unos pocos cuarteles de cabernet sauvignon, merlot, cot y petit verdot destinados a elaborar un único y poderoso vino, llamado también La Montaña, que sólo puede ser adquirido allí mismo. Porque el potencial de este fundo no está tanto en la vitivinicultura como en el ecoturismo. Sus cerros de gran belleza, de frondosa y variada vegetación nativa, recorridos por senderos bien trazados, son un regalo para los amantes de la naturaleza y del montañismo.

foto1El programa que nos mostró María José Álvarez, gerenta de la ruta, partió en la sala de degustación y tienda de souvenirs, una casa hecha con piedras del lugar, como todas las construcciones principales del campo. Allí nos colocaron los arneses necesarios para los descensos en canopy que estaban previstos. Los cinco invitados a este paseo no habíamos practicado nunca este deporte, pero las orientaciones de los dos instructores que nos acompañaban acerca de cómo llevar el cuerpo y usar las manos para frenar nos permitieron afrontar con tranquilidad la primera prueba, un descenso de 180 metros y suave pendiente, a una altura razonable, cerca de la sala de degustación. Todos quedaron felices, y sin mucha adrenalina en el cuerpo, con esta primera experiencia.

Luego, un potente vehículo Unimog nos ayudó a subir un poco más por la montaña, antes de dejarnos a merced de nuestras piernas. El ascenso siguió largo rato por un sendero boscoso muy sorprendente, atravesado por cursos de agua y quebradas, en el cual, aparte de la vegetación propia de la zona central (boldos, peumos, quillayes, litres y otras plantas bien características), vimos especies que sólo se dan en el sur, como el lingue, el canelo y el voqui. La rica flora de este lugar está descrita en un librito de la botánica Fernanda Romero que se puede adquirir en la sala de degustación de la viña.

foto1Cuando ya parecía que el ascenso no terminaría nunca, llegamos a una pequeña explanada donde comenzaría nuestra primera gran bajada en canopy. Un cable de acero de 250 metros, con una pendiente de más de 11%, nos llevaría hasta el otro lado de una enorme quebrada, que por parte baja tenía unos 70 metros de profundidad. Más de alguien dijo: “¡Hasta aquí no más llego; no me tiro ni por nada!” (tal vez con palabras más expresivas…). Pero los instructores volvieron a infundirnos confianza en la seguridad de los implementos que llevábamos y en las maniobras que teníamos que hacer para controlar sin problemas el desplazamiento.

Volar por los aires a gran velocidad, colgando de ese imponderable cable de acero, fue, sin duda, una experiencia excitante e inolvidable. La repetimos otras tres veces, cruzando nuevos bosques y quebradas hasta llegar al punto de partida. En total, un kilómetro de descensos en canopy. Siempre uno de los instructores abría el camino y nos esperaba al otro lado, y el otro cerraba el tramo después de despachar al último valiente.

foto1La jornada concluyó con un reparador almuerzo en Pérez Cruz, compartido con algunos enólogos y ejecutivos de las viñas que integran la Ruta del Maipo Alto. En la versión original de este programa de montaña, el almuerzo consiste en un asado campestre que se realiza junto a la sala de degustación de la viña y se acompaña con “el vino de la casa”, el exclusivo ensamblaje La Montaña.

El costo de este programa varía según el número de participantes. Si son 3, sale a $70.000 por persona. Pero de 6 a 8, el precio baja a $50.000 (valores a los que hay que agregar IVA). Para consultas y reservas hay que dirigirse a Juan Agustín Rodríguez (jars@vinalamontana.cl), teléfonos (2) 264 9846 y (09)-9351 9187.


foto1A la laguna del volcán Planchón
Pocos días después de esta experiencia, nos sometimos a otra aún más exigente, organizada por la Ruta del Vino Valles de Curicó. Esta asociación agrupa a trece viñas de la región, entre ellas, AltaCima, Aresti, Echeverría, Las Pitras, Miguel Torres, Millamán San Pedro, Valdivieso y Viñedos Puertas, que estuvieron presentes con sus vinos en el picnic realizado en la laguna que está a los pies del volcán Planchón y en el almuerzo, al final de la jornada, en el excelente restaurante Reserva La Querencia, en el kilómetro 26 del camino de Teno a la Montaña.

Para hacer este programa hay que llegar a Curicó un día antes. La jornada incluye un almuerzo en Viña Miguel Torres con degustación de algunos de sus vinos. Luego los excursionistas se trasladan a Viña Millaman, en la comuna de Sagrada Familia, donde visitan sus viñedos y plantaciones de olivos, la bodega y la hermosa casa patronal, construida en el siglo XIX y completamente restaurada. Allí hay degustación de vinos, aceites de oliva, cena y alojamiento.

foto1Al día siguiente, la salida hacia la cordillera es de madrugada. El experto que acompaña a los excursionistas es el francés Patrick Pellet, guía de trekking, cabalgatas y recorridos en bicicletas de montaña, quien conoce los cerros de la zona como la palma de su mano. Pero en la ocasión en que nosotros hicimos el viaje, también se sumó al grupo Eugenio Eben, presidente de la Ruta del Vino Valles de Curicó y gerente de producción de Viña Aresti, otro buen conocedor del escarpado trayecto hacia la laguna del volcán.

La penetración hacia la cordillera se hace por el camino que va del cruce de Teno, en la Ruta 5 Sur, hacia La Montaña, que tiene unos 40 kilómetros pavimentados y otros tantos de ripio hasta la Avanzada Pichuante, un control internacional del SAG y Carabineros. Es un camino encajonado por los cerros, de impresionantes vistas, que sigue el curso del río Teno. Más allá de Pichuante, la ruta se va poniendo cada vez más difícil. De hecho, de los tres vehículos que integraban nuestra caravana, el único que pudo hacer los últimos kilómetros hasta la laguna fue la poderosa camioneta Ford F-150 de Eugenio Eben. Y no sólo por su potencia, sino por la mano segura de su dueño, que iba siguiendo cuidadosamente el sinuoso recorrido de esa huella, flanqueada por laderas que quitaban el aliento.

foto1En un punto, todos nos bajamos para seguir a pie, menos Eugenio, cuya misión era continuar hasta la laguna para esperarnos allí con un reconfortante cocaví y vinos de la Ruta.

La excursión, de más de dos horas, se internó por espectaculares paisajes, atravesó veranadas y sorteó varios cerros antes de llegar a destino. En toda la caminata nunca tuvimos a la vista el volcán Planchón (sólo un cerro bien característico de referencia), pero cuando ya parecía que la marcha todavía se prolongaría por un buen rato, al tomar un recodo apareció una esquina de la esperada laguna con laderas todavía llenas de nieve. Luego, el volcán en toda su majestad. Estábamos a unos 2.500 metros de altura, muy cerca del Paso Vergara, a través del cual se puede ir a Argentina. Un paso histórico éste, porque por ahí entró Ramón Freire, en febrero de 1817, al mando de una de las seis columnas del Ejército de Los Andes que ingresaron a Chile para luchar por su independencia.

foto1El sol pegaba fuerte al mediodía. Y las piernas de varios de los expedicionarios clamaban por una rápida inyección de carbohidratos y proteínas. El tentempié que se organizó allá arriba satisfizo todas las expectativas y apetitos, y estuvo acompañado con unos vinos que llegaron frescos en sus embalajes y que saciaron peligrosamente nuestra sed. Pero como no teníamos la responsabilidad de manejar, los gozamos plenamente en esas alturas transparentes.

Para completar la jornada, todavía nos quedaba el almuerzo en la Reserva La Querencia. Había que bajar, con mucha prudencia y lentitud, el escarpado sendero que nos había llevado hasta la laguna. Varios cóndores (llegamos a contar hasta quince sobrevolando simultáneamente) observaban desde lo alto nuestro descenso, quizás con qué ocultos deseos.

foto1Finalmente llegó el momento del reposo y el almuerzo. La calidad de la cocina de esa hostería, situada a 26 kilómetros de la Ruta 5 Sur en un hermoso entorno junto al río Teno, resultó una gratísima sorpresa. Su propietaria, Marianela Herrera Montenegro, realiza allí diversos eventos, recepciones y cabalgatas. Vale la pena visitar el lugar tan sólo para disfrutar de su mesa (09-9090 5939; contacto@limoneta.cl)

El costo de este programa es de $225.000 por persona (con un mínimo de dos). La Ruta del Vino Valles de Curicó también ofrece otras alternativas de enoturismo relacionadas con las viñas de la asociación. Para mayores informaciones dirigirse a Alejandra Inda, gerenta de comunicaciones y relaciones públicas, info@rutadelvinocurico.cl, teléfono (75) 328972.