El manager, director y enólogo jefe de viña Santa Helena, Matías Rivera (ex Cousiño Macul), llegó el año pasado a la bodega con casa propia en Colchagua, pensando que ésta, la viña número 11 en exportaciones de Chile (aclaro: si se la cuenta solita, no como parte de VSPT, el grupo Viña San Pedro-Tarapacá), podría correr a más de 350 kilómetros por hora. Para lograrlo, pensaba entonces, necesitaba el combustible adecuado y sacar las barreras del camino. La cosa es que, a poco andar, buscando una bencinera para su auto deportivo rojo fuego, se dio cuenta de que mejor era partir en bicicleta.
Rivera comenzó por buscar una nueva imagen para la viña, la cual llegó junto a un carnaval de colores para quitarle la imagen de santa y darle un toque "mágico". Así, la casa patronal de sus etiquetas tradicionales quedó en el recuerdo, y ahora Santa Helena es una diosa de cabellos dorados que parece querer atrapar a sus consumidores como la misma Medusa.
Rivera explica que esta nueva santa se quiere posicionar como la viña más grande del valle de Colchagua, gracias a sus 400 hectáreas de viñedos propios en la zona. Si revisamos el portafolio del grupo VSPT (con las viñas San Pedro, Altaïr, Tabalí, Leyda, Casa Rivas, Tarapacá, Misiones de Rengo y Viña Mar, y en Mendoza Tamarí y Finca La Celia), ciertamente no hay otra que pueda hacerlo. Suena bien, pero… ¿qué pasará con los queridos blancos frescos? No hay problema, Rivera ya ha pensado en ello.
El primer vino que nos presenta es un Sauvignon Blanc 2009 Selección del Directorio del sector costero del valle de Colchagua, cerca del pueblito de Paredones. ¿Les suena? ¡Plop! Los Rodríguez, dueños del campo productivo en la localidad, no pusieron sus huevos en una sola canasta. Este sauvignon blanc proviene del mismo lugar que el recién lanzado Cool Coast de Casa Silva. Silva tuvo la primicia, mas no la exclusiva. ¿Similitudes o diferencias? Hay que hacerlas por supuesto, aunque la acidez natural predomina en ambos. Pero hay más diferencias que semejanzas, diría yo. Este Selección tiene una nariz híper expresiva, a maracuyá de entrada y final, y entre medio algunas notas de ají verde y pipí de gato. Su boca es untuosa, larga y de muy rica acidez, con un dejo amargo al final, lo que le resta la elegancia perfecta que sí tiene el austero y filoso Cool Coast. ¿Su precio? Bueno…, una ganga: $ 4.500. Y éste no es al azar. Rivera quiere que sus vinos sean imbatibles por su precio/calidad en restaurantes. Piensa que ahí hay un nicho importante. Y es cierto. ¿Quién no quiere ir a un restaurante y beber un buen vino como éste por menos de $8.000?
La siguiente copa de la degustación tiene un Cabernet Sauvignon 2008 Selección del Directorio. El cabernet será la cepa emblema de la nueva santa-medusa. Este Selección ($4.500) viene por sobre la línea de entrada, la de los Reserva. Rivera lo muestra por aquello de que quiere ser imbatible en restaurantes. No me convence este cabernet por lo imbatible, pero sí lo interpreto como el camino que quiere seguir para sus tintos. Este Selección 2008 es de nariz austera y cuerpo medio; predomina en él la elegancia sobre la potencia, la fruta sobre la madera. Es un vino en camino de ser lo que busca Matías para esta nueva Santa Helena: ser estiloso. Pero le falta grasa y jugosidad, necesarias para atraer a los consumidores que quiere conquistar. Más tarde, junto a un entrecot con papas fritas se portaría mejor.
Seguimos con Vernus Cabernet Sauvignon 2008, un tinto de Colchagua con más y mejor madera (14 meses), siempre de segundos usos. Las especias de la madera se sienten, y también la mayor concentración de fruta y la mayor estructura. Bien, pero su precio ($7.000) tampoco parece imbatible.
A continuación es el turno de la novedad, el vino que más tiene entusiasmado a Rivera. Es el mismo que el año pasado me mostró en una botellita, junto a su rico sauvignon 2008 Selección del Directorio de Leyda, el que, por cierto, ya no existe. Se trata del Cabernet Sauvignon 2008 Parras Viejas ($15.000), que proviene de un viñedo de 98 años, ubicado en el campo de Angostura. Matías sabe de parras viejas. “Para hacer un buen vino con ellas –dice– hay que dejarlas ser y no tapar sus uvas con la madera”. El vino tiene un color rojo rubí, poco profundo, brillante, y en nariz predomina la frutilla. Matías se adelanta y dice: “Éste es un cabernet de verdad”. Vuelvo al vino y al recuerdo de aquella botellita que probé con Matías un año atrás. Entonces le dije: “Se parece a lo que hacías en Cousiño”. Hoy lo comprendo mejor, éste es su estilo, su estilo estiloso, el que sabe hacer y le queda mejor. Quisiera probar el 2009. Debería estar aún mejor después de que Matías diera su directriz a sus parras viejas.
Seguimos con D.o.n. 2008 (aún por estos días guardado en barricas), una mezcla potente: 88 % cabernet y el resto syrah y petit verdot (precio de referencia: $35.000). Y aunque tiene un poco del vino de las viejas parras de Angostura, este D.o.n. es todo lo contrario a ese Parras Viejas 2008. Es goloso, corpulento y con mucha madera de la mano de una fruta de gran concentración. D.o.n. 2008 no se ha salido de su estilo original, ni se saldrá en el futuro. Para seguir cambiando a esta nueva santa-diosa, Matías ya prometió una nueva línea de vinos, entre Parras Viejas y D.o.n en precio, la que por ahora es todo un misterio. |