La afirmación de que el vino se hace en el campo parece, a estas alturas, casi una verdad de Perogrullo, porque ya nadie pone en duda que para conseguir buenos vinos se necesita una fruta de óptima calidad. Sin embargo, no es menos cierto que el trabajo que se realiza detrás de las bambalinas del viñedo también importa. Y mucho. Una miradita a cualquier bodega de nuestro país, y en cualquier época del año, basta para darse cuenta de la importancia que tiene el trabajo exhaustivo y cuidadoso, verdaderamente ingenieril, que tiene que hacerse bajo techo.
Rafael Tirado, que llegó a Vía Wines hace unos dos años, ha estado ocupándose precisamente de todo ello en esta empresa de gran potencial, que hasta su arribo estaba un poco a la deriva. Rafael dice que durante este tiempo ha estado básicamente dedicado a conocer el campo y a ordenar el atractivo proyecto creado por Juan Coderch, que, con una marca tan poderosa como Oveja Negra, creció muy rápido, pero también con mucha anarquía.
Conocí Via Wines antes de la llegada de Tirado, y por entonces sus vinos no me impresionaron demasiado, salvo algunos de sus cabernet franc. Parecía una viña con gran potencial, tanto en tierras como en capacidad instalada de bodega, pero allí se percibía una clara falta de dirección. Y ni hablar de la nula conciencia de tener en sus manos la posibilidad de hacer vinos de origen, donde el Maule se mostrara con todas sus bondades. Por entonces, uno de sus gerentes hasta aseguraba que todo el “cuento” del terroir no tenía ninguna importancia para los vinos, y que las parras podían crecer sobre cualquier sustrato. Por lo demás, sus caldos se vendían a quien quisiera comprarlos, sin ningún concepto de marca o imagen, ni de selección de calidad, lo que era una verdadera lástima.
Tal vez por eso me alegré especialmente cuando Rafa Tirado y el actual equipo técnico y comercial asumieron la dirección en Via Wines. Mal que mal, ninguno de ellos es un recién llegado a la escena vitivinícola, de manera que han podido poner rápidamente orden en los cientos de hectáreas de viñedos de la empresa, en los miles de litros de vino que se vinifican anualmente y en la gran cantidad de decisiones comerciales que se deben tomar. Y los resultados ya se están viendo, tanto por la cuidada imagen de las nuevas etiquetas como por los últimos Oveja Negra lanzados al mercado: cinco de la línea Reserva (todos vinos de ensamblaje), tres Single Vineyard (mono varietales) y un Lost Barrel, una mezcla de línea superior, todos bonitamente presentados y con buenas relaciones de precio y calidad (entre 3 y 12 mil pesos).
Entre los blancos de la línea Reserva de Oveja Negra, me sorprendió la rara mezcla sauvignon blanc-carmenère de la cosecha 2009. Juntas, estas variedades funcionan de manera notable. Para alguien como Tirado, que le dio vida e identidad a uno de los sauvignons emblemáticos de Casablanca, está clarísimo que el Maule es un valle bien distinto, y que esta cepa no entregará nunca allí la misma expresión que en un clima fresco y costero. Por lo tanto, a mayor madurez, el enólogo agrega el frescor y las notas vegetales de un carmenère poco maduro, trabajado en la parra y vinificado especialmente para este propósito.
Entre los tintos de esta línea, me gustó muchísimo la mezcla cabernet franc-carmenère (60-40%) de la cosecha 2008, que precisamente aprovecha una de las fortalezas que esta viña tenía incluso antes de su reestructuración. Muy limpio en la nariz y en la boca, es un vino jugoso, con tonos mentolados, además de una bomba de fruta roja y negra. También aquí, a los taninos redondos y casi dulces del carmenère, el cabernet franc le aporta elegancia y su característica acidez.
También me gustó el carignan de la línea Single Vineyard de Oveja Negra. Si bien el que se probó en la presentación de estos nuevos vinos fue una muestra de barrica de la cosecha 2008, ya exhibe todo el potencial que se puede obtener de antiguas parras que no se riegan y que están en la zona de Cauquenes. Y ciertamente el ensamblaje tinto Lost Barrel, que mezcla lo más sobresaliente del 2008, resulta toda una revelación: es un vino denso pero a la vez suave, con mucha fruta roja, notas de cuero, rica acidez y frescor, además de toques de tierra, especialmente agradables para acompañar carnes estofadas.
Y finalmente quisiera decir que siento que la llegada de Rafael Tirado a Vía Wines es una gran oportunidad para el Maule. Que alguien apueste en serio por hacer vinos de calidad y con identidad en esa zona le hace bien al país. No por nada, en esta región vitivinícola están las bases mismas de la formación profesional de Rafael Tirado, que se inició como enólogo en Viña TerraNoble, y quien además tiene su propio proyecto vitivinícola a orillas del lago Colbún. Por eso mismo, él tiene muy claro que esto es recién el inicio de un proyecto fascinante, ya que el Maule está lleno de sutilezas por explorar y de tierras por descubrir.
(Fotografías de Enrique Rivera)
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