Para celebrar sus logros, Eduardo Chadwick no necesitaba ciertamente la excusa de los altos puntajes obtenidos hace poco por sus vinos de más alta gama en la revista Wine Advocate. Porque incluso sin ellos, hace tiempo que tiene motivos de sobra para festejar sus importantes éxitos en la industria vitivinícola. No por nada, Viña Errázuriz, que él preside, recibió en Londres, en noviembre pasado, de parte de la International Wine and Spirits Competition, el trofeo como Mejor Productor del Año, y luego, en el marco de la Gala del Vino, su empresa
fue distinguida como la Viña del Año 2008 por Vinos de Chile. Y last, but not least, en abril de 2009, Eduardo Chadwick fue distinguido como Personalidad Vitivinícola del año 2008 por el Círculo de Cronistas Gastronómicos de Chile.
Sin embargo los “noventas” obtenidos por sus vinos íconos (97 puntos para Viñedo Chadwick, 96 para Kai, 95 para Seña, 94 para Don Maximiano, 93 para Cenit y 92 para La Cumbre, todos de la cosecha 2006), igual resultaron un buen pretexto para reunir a algunos de los profesionales de la prensa especializada y probar, allí donde nace el vino que lleva su apellido, los seis vinos de alta gama que Jay Miller, asistente de Robert Parker Jr. en Wine Advocate, puntuó de manera tan brillante. Resultó un almuerzo muy grato, bien conversado y con sabrosos platos preparados especialmente por Guillermo Rodríguez para armonizar con los vinos. Pero sobre todo, fue una buena oportunidad de asomarse a la intimidad familiar de este notable empresario y conocer algo más de lo que se esconde detrás de su fachada algo tímida.
Por lo demás, estos puntajes no son más que la ratificación americana de lo que ya lleva demostrando hace algunos años en el mercado europeo –británico en particular–. Ellos son también, según el propio Chadwick, el cierre de una etapa para Chile, período en que los puntajes para nuestros vinos se otorgaron con cierta mezquindad, sobre todo por parte de esa publicación, que ni siquiera consideraba nuestros vinos. Y también vienen a validar lo que este viñatero ha hecho a través de sus famosas Catas de Berlín en el mundo. A través de ellas, ha dejado que sus propios vinos compitan a ciegas con productos íconos del Viejo Mundo, obteniendo resultados que en un comienzo parecieron sorprendentemente buenos, pero que han demostrado mucha consistencia en el tiempo. Tanto así, que estas singulares y atrevidas competencias no sólo le han abierto las puertas a sus propios vinos, sino que han contribuido a poner el nombre de Chile entre los productores de vinos de clase mundial.
Y finalmente estos excelentes puntajes son, de todas maneras, la confirmación de un trabajo que hace algunos años vienen haciendo Francisco Baettig, enólogo de Viña Errázuriz (también a cargo de Seña y Viñedo Chadwick), y Sergio Cuadra, a cargo de Viña Caliterra, entre otros profesionales que trabajan para estas bodegas.
Tanto Chadwick como Baettig son enfáticos en afirmar que la filosofía de viñas Errázuriz y Caliterra, esa que privilegia vinos muy limpios, con mucha fruta, frescor y finura por sobre la potencia, con una madera que es sólo un tenue subrayado sin pretensiones de protagonizar, no ha cambiado ni cambiará para satisfacer el “gusto Parker”. Pero igualmente reconocen que, independientemente de ello, el nombre de este discutido crítico tiene una importante influencia en las decisiones de mercado, un asunto que ninguna viña puede dejar de reconocer.
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