Luego de luchar durante varios meses contra un cáncer sorpresivo y difícil, el miércoles 5 de agosto falleció nuestro socio honorario, gran personalidad en la historia reciente de la gastronomía chilena y querido amigo, René Acklin Kindler.
No sólo para nosotros, como Asociación Gremial, sino para todos quienes están relacionados profesionalmente con el mundo de la gastronomía y, por cierto, para los amantes de las expresiones más elevadas de la cocina, la muerte de René es una pérdida irreparable. Miembro fundador del capítulo chileno de Les Toques Blanches –la primera asociación de chefs creada en nuestro país– e integrante también de la prestigiosa Academie Culinaire de France, su vida estuvo siempre comprometida con la gastronomía del más alto nivel.
Pero no sólo con ella: su llegada a Chile en los años 70 del siglo pasado, a través de un programa suizo de cooperación técnica, tuvo como misión ayudar al Instituto Nacional de Capacitación, Inacap, a formar profesionales para el sector hotelero y a poner en marcha una escuela de gastronomía, de la que muy pronto saldría una destacada generación de cocineros profesionales.
Por esos años también trabajó en el desarrollo de nuevos productos, tanto para una multinacional de alimentos como para Fundación Chile, entidad que por entonces estaba dedicada a traer al país innovaciones tecnológicas disponibles en el mundo, y que hicieron posible, entre otras cosas, la introducción de especies como el salmón, el turbot, la ostra del Pacífico y algunas variedades de berries, todas de gran importancia para nuestra industria alimentaria.
Su amplia experiencia hotelera (ya a los 16 años había trabajado como aprendiz en un hotel suizo y, más adelante, como profesional, para establecimientos de la cadena Hilton en Estambul, Atenas, Teherán y Hong Kong) lo llevó a adquirir, en 1981, el Hotel Termas de Cauquenes, un centro de montaña cuyos paisajes tal vez le traían reminiscencias de su hermosa Suiza natal, y en el que también pudo exhibir todo su talento culinario, con el importante apoyo de su hija Sabine en los últimos años.
René Acklin nos deja definitivamente. Se apagó su voz potente, su risa franca, alegre y contagiosa. Pero quedará entre nosotros su gran legado, todo lo mucho que hizo por la gastronomía chilena en más de tres décadas de trabajo perseverante, señalando rumbos y perspectivas, desarrollando nuevos productos, mejorando el servicio a todo nivel y haciendo de nuestros cocineros unos profesionales más rigurosos e imaginativos. Y quedará también el recuerdo de su personalidad expansiva y generosa, y de la amistad que nos brindó durante tantos años.
Que descanses en paz, René.
Enrique Rivera B.
Presidente del Círculo de Cronistas Gastronómicos de Chile, A.G.
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